CLAUDIO. CANIS LUPUS.




Hola a todos!

Hoy os acompaño un cuento que escribí fruto del amor y la necesidad. Escribo muy poco y con la única intención de compartir sentires, emociones y apoyar la diversidad. Mis hijos y quienes me rodean con amor son siempre mi fuente de inspiración y a ellos va dedicado este cuentito. Ojalá os guste, ojalá os llegue. No soy escritora, ni he pretendido serlo, simplemente tengo hambre de compartir. 
El cuento está protegido y registrado en la propiedad intelectual. Por favor sé respetuoso/a.
 Lo que quieres para ti quiérelo para los demás.
Feliz lectura!

Elena M 

CLAUDIO. CANIS LUPUS.



(Dedicado a Javi, Silvia, a mi marido Pablo y a nuestros hijos)

Claudio caminaba solo por el bosque. Sus huellas se hundían en el barro debido al abundante aguacero que había descargado en el bosque desde hacía horas en aquella primavera inusual. Su manada lo había desterrado y deshonrado. Nadie lo quería junto a él. Se sentía humillado, herido, derrotado, hambriento y muy enfermo. Era época de celo y él no sentía atracción por ninguna hembra, las rechazaba con delicadeza para no causarles daño. Se sentía diferente al resto puesto que él no deseaba aparearse para buscar descendencia Claudio verdaderamente amaba a "Cook" el gran jefe musculoso de la manada y soñaba y suspiraba por él cada noche. La luna había sido cómplice absoluta de ese clandestino amor puesto que los aullidos de Claudio declamaban versos hermosos a la vez que desgarradores y ella lo había abrazado muchas veces con su redondez y su luz . Si no hubiese sido por ella a nadie le hubiera podido contar sus sentimientos y aún se sentiría más solo si cabe. La manada rechazaba todo lo diferente, lo que les hacía a su parecer más débiles, más desprotegidos y él era carne de cañón al rechazar primavera tras primavera a las hembras dispuestas. No era digno para su camada y eso dolía, caray si dolía.
 -Eres una nenaza.
-No eres digno de esta camada.
 -No hay cabida aquí para cobardes, ni débiles.
-Márchate o muere entre nuestras fauces. Es tu destino.
Aquellas palabras le taladraban la memoria. Le hundían y masacraban.
 No había sido el único sufridor, le vino a la memoria un cachorrito que nació con una patita atrofiada y sin un ojo y al cual devoraron por ser diferente, débil...por lo menos a él lo habían dejado con vida pero no sabía qué era peor. Echaba mucho de menos a su madre a la cual abatieron en una cacería cruel mientras intentaba alimentarlo a él y a sus hermanos. Odiaba a esos humanos. Nunca superó Claudio aquel trauma de ver a su madre desangrarse y no poder hacer nada por ella más que permanecer a su lado hasta su último aliento de vida. Se quedó frío junto a ella. Le daba tanta rabia aquello que las fauces se le abrían con desgarro y enfado. Ella nunca lo hubiera rechazado por ser diferente. Ella era puro amor y lo habría protegido contra viento y marea pero ya no estaba y su dolor iba en aumento. Mientras buscaba alimento se topó con un zorro y éste no tuvo miedo de acercarse a Claudio y aquello no era buena señal porque significaba que ya no daba ni miedo a sus posibles presas. Así no había forma de saciar el apetito.
-Hola, amigo ¿qué te ocurre? Te veo muy alicaido y pocho.
Claudio, no se lo podía creer el zorro estaba entablando conversación con él y con cierta empatía. No sabía si responderle o pasar de largo sin dedicarle ni una mirada que demostrara debilidad. Aquella situación le estaba volviendo loco.
-No me pasa nada, por favor vete ahora que estás a tiempo.
-Como quieras, amigo.
-No soy tu amigo, ni lo mentes, por favor vete ya.
El zorro así lo hizo, se marchó con viento fresco no sin antes echar una mirada furibunda a aquel lobo alicaido y malhumorado.
Claudio, tenía un hambre voraz y apenas le quedaban fuerzas pero se agazapó en unos matorrales y dio caza a una libre que no tuvo tiempo ni de darse cuenta de que le hincaban el diente. Fue rápido para que ésta no sufriera, no le gustaba el sufrimiento de ningún ser. Merecían una muerte digna. Sació un poquito su hambre y fue en busca de un riachuelo para limpiarse la sangre y beber agua. Allí en el reflejo del riachuelo se vio así mismo y la imagen no le gustó nada. Estaba flaco, chupado, daba mucha pena su imagen. No podía seguir así, quería ser feliz y así fue como se propuso encontrar la felicidad en los pequeños momentos del día a día, en los pequeños logros y metas que se puso. Aquel cambio de actitud le devolvió la vida, resplandecía como nunca y así tiempo después conoció en las colinas a otro joven desterrado "London" que yacía muy enfermo con una especie de desagradable tiña. Tenía corronchos en el pelaje horribles como volcanes a punto de erupcionar.
Claudio lo cuidó con esmero, lo acompañó y estuvo a su lado semana tras semana hasta que éste se sintió mejor, más recuperado. Con el paso del tiempo se fueron haciendo amigos y aquella amistad desembocó en algo más. Claudio se sentía pletórico y muy enamorado de "London" y esta vez era completamente correspondido y le dedicó a su amor sus versos más hermosos. La luna sintió alivio al ver a Claudio tan feliz después de haberlo pasado tan mal desde el destierro de su comunidad. Se merecía esa dicha, ese amor, esa correspondencia que London le ofrecía. Eran tal para cual, se compenetraban a la perfección. Tiempo después adoptaron a varios cachorros cuya madre había fallecido por culpa de la caza furtiva de aquellos humanos tan irracionales y perversos que estaban acabando con la estirpe del lobo ibérico. Crecieron en familia, sin carencias, con todo el amor y dicha y se hicieron fuertes, muy fuertes. No encontraron diferencias lo que hallaron fue una gran riqueza que poco a poco engrandeció su naturaleza, su estirpe, su comunidad y el tiempo puso a cada uno en su sitio. La comunidad que los desterró sintió una envidia profunda tras descubrir cómo los valores de éstos engrandecían a su estirpe y se llevaron una gran lección que jamás olvidarían en el resto de sus días.


"Ser diferente no es una aberración, ni una debilidad, ni hostilidad, es una riqueza que engrandece. ¡Viva la diversidad!"

Elena M Figueroa , ©2017
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